Todo comenzó en París, cuando Michel caminaba por la Rue de l´arbre junto a la iglesia de Saint-Germain en pleno centro parisino.
mi novela "El tren de mi vida"

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domingo, 14 de abril de 2013

La cosa pública, lo público, la república.



Hoy domingo, conmemoración de la Proclamación de la II República, quiero dejar una pequeña reflexión en un día tan señalado. Para ello recojo lo que dice el Vicesecretario del PSPV PSOE, Francesc Romeu en un post de su blog que titula: "14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República. ¡No hay dos sin tres!": No podemos rehuir como fuerza política reformadora y progresista el defender nuestros colores, el llevar a cabo una nueva transición que profundice en los principios de democracia e igualdad en todos los ámbitos del estado... En estos momentos cruciales para nuestro país, es fundamental que se hable y debata sobre el papel de las instituciones y su relación con la Monarquía. Estoy totalmente de acuerdo con los planteamientos del socialista valenciano Romeu.
Por ello y al hilo de esa conmemoración tan significativa quisiera dejar algunos apuntes y reflexiones al respecto y comenzaré por la palabra República que viene del latín RES PVBLICA, que quiere decir «la cosa pública, lo público». El Gran Diccionario Larousse define la república en su primera acepción como: Estado en el que el pueblo ejerce la soberanía directamente o por intermedio de delegados elegidos. En otra acepción, este diccionario ofrece la siguiente definición: Conjunto de cosas de interés común a todos los ciudadanos de una nación.

Siguiendo al maestro Aristóteles, los pilares fundamentales de la República serían: la división de poderes y su control recíproco, la participación política activa por parte de los ciudadanos (esto supone la publicidad de los actos estatales y la necesidad de instrucción en materias de ciencias jurídicas y política) y la representación de todas las clases sociales dentro de las instituciones de gobierno con iguales atribuciones y prevalencia de ninguna.

Quisiera reproducir unas reflexiones de Sócrates a Glaucón extraídas del libro La República de Platón en el capítulo Sobre los intereses de los gobernantes:

[…] Los hombres de bien no quieren gobernar ni por dinero ni por honores; ni, tampoco obteniendo declaradamente una recompensa en razón de su cargo, y no desean que se les considere asalariados, y mucho menos ladrones […} Sin embargo, la pena más grave es ser gobernado por los más mediocres…

Para concluir, citaré a Baltasar Gracián (S. XVII) en su libro el Arte de la Prudencia en el aforismo nº 197: No relacionarse nunca con necios. Quien no los reconoce lo es, especialmente si, una vez conocido, no los rechaza. Para un trato superficial son peligrosos y para las confidencias dañinos…

Así que me APUNTO A LA REPÚBLICA y a los hombres respetables que deberían gobernarnos.

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