Todo comenzó en París, cuando Michel caminaba por la Rue de l´arbre junto a la iglesia de Saint-Germain en pleno centro parisino.
mi novela "El tren de mi vida"

Poder influir en el futuro es parte de lo que me mantiene unido a mi Elemento: escribir

jueves, 3 de mayo de 2012

La Juventud y la participación (I parte)


 

Estos días, he vuelto la vista atrás y me puesto a releer algunos artículos sobre la participación que escribí y publiqué en mi blog y que en su día fueron también publicados en otros medios. Escribí estos artículos en abril de 2007 y volví sobre ellos un año más tarde. Ahora, algunos años después, repasando estos escritos, me planteo las siguientes reflexiones. 
Comenzaré este artículo, de la misma forma que lo hice hace 5 años, con el concepto de PARTICIPAR, que según la Guía Didáctica de Educación para la Participación (UNED), significa, en sentido estricto: “Desarrollar una acción colectiva, y por tanto organizada en interés de terceros, orientada al bien común y a necesidades sociales”. Cuando se cumplen estas condiciones, podemos hablar de participación social. Al mismo tiempo, existen otras formas de participación social: la pertenencia a una asociación en determinadas condiciones, el voluntariado organizado, la pertenencia a un movimiento social, a un partido político o una organización sindical; incluso ser delegad@ de un aula o representante en el consejo escolar. También, se contempla la reunión de un grupo de jóvenes organizado, aunque no adopte una determinada figura jurídica; por ejemplo, para promover la construcción de un carril para bicis en el barrio. La participación social es un derecho de toda la ciudadanía, reconocido por la Constitución Española y factor fundamental de construcción de toda Cultura democrática. 

La participación de los colectivos sociales es indispensable para un desarrollo sostenible de toda Sociedad. Los jóvenes, como colectivo social, tienen el derecho y la responsabilidad de participar como actores plenos del desarrollo social; no sólo en los aspectos que les afectan directamente, sino en todos los aspectos de la vida social. La sociedad tiene el deber de permitir el acceso a esa plena ciudadanía, en aras a conseguir una Sociedad democrática y del Conocimiento. Si bien, la participación de los jóvenes en una sociedad democrática es de vital importancia, ésta no se hace patente en la realidad, ya que numerosos estudios ponen de manifiesto que los jóvenes, en la actualidad, participan menos que en el pasado en las estructuras tradicionales de participación (asociaciones, partidos políticos, sindicatos, ONGs). Informes Injuve.

Ahora bien, los jóvenes sí están presentes en los movimientos ciudadanos, tienen otra forma de participar. La prueba más fehaciente la tenemos en el movimiento ciudadano del 15 M: un autentico revulsivo para aquellos que pensaban que los jóvenes estaban al margen de los problemas sociales.

Una aparente paradoja

Si por una parte se observa un descenso en la participación de los jóvenes en las asociaciones, sobre todo en las de carácter político y sindical; y por otra parte, una preocupación por el mundo que les rodea con su problemática, cabe preguntarnos: ¿Por qué no participan los jóvenes en organizaciones? Las razones pueden ser múltiples.

Ettori Rechi (2003) en su estudio, La expansión de la educación superior y la participación política: Una paradoja micro-macro, plantea esta aparente paradoja. Rechi observa que: “Es como si al inicio del siglo XXI el mundo juvenil volviera a ser el protagonista de la escena política. Desde las manifestaciones anti-globalización a los forum sociales, desde las marchas pacifistas hasta las ocupaciones estudiantiles, en muchos países occidentales se vislumbran señales de un renovado fermento generacional. Sin embargo, esa impresión de novedad y efervescencia generada por estallidos emotivos de breve duración ha de ser valorada en un escenario a largo plazo”. Ese estallido que comentaba Rechi vendría algunos años más tarde con el movimiento del 15 M. 

Otra opinión al respecto es la de Arnold Gehlen (finales de los setenta), en su Teoría de las Instituciones, señala que éstas han perdido gran parte de su legitimidad para orientar a los individuos a lo largo de su proceso vital. Esto significa que existe una tendencia a contar cada vez menos con la legitimación institucional, tendiendo las instituciones a vaciarse de sentido y a quedar reducidas a meros instrumentos de resolución administrativa. 

Me pregunto si no será acaso en parte responsabilidad de las Instituciones esa falta de credibilidad y de atractivo para los jóvenes; si el cambio de tendencia no ha de pasar también por una renovación interna de las instituciones tradicionales. El propio sistema económico y de mercado que promueve actitudes individualistas y competitivas que no favorecen la participación; así como las instituciones y organizaciones sociales que no consiguen motivar y movilizar a los jóvenes ni hacer atractivas sus propuestas de participación. 

Las propuestas destinadas a promover la participación social son insuficientes o inadecuadas. Muchos grupos sociales y, en especial los jóvenes, creen que tienen escasa capacidad de respuesta e influencia para resolver sus problemas. También consideran que están en crisis las formas asociativas tradicionales y que los cauces tradicionales de participación muchas veces no funcionan. Hemos podido comprobar cómo los jóvenes se han buscado sus propios canales de participación frente a los problemas sociales, cómo han sabido dar una respuesta contundente y salir a la calle y decir a los ciudadanos que hay una alternativa a todo lo que está aconteciendo: “No nos gusta lo que estáis haciendo, cómo estáis gobernando, el funcionamiento de las instituciones; Basta ya; La peor lucha es la que no se hace”. Un sinfín de eslóganes que han calado en los ciudadanos. En el año 2007, reproduciendo mis propias palabras, decía: Los jóvenes carecen de educación para la participación, porque no hay sistemas eficaces que eduquen en y para la participación. Un sector de la Juventud ha sido capaz de hacer frente a la indiferencia y de mostrar las auténticas caras de la locomotora de un país: la reflexión y la acción. 

En el año 2001, con motivo de la elaboración del Libro Blanco de la Comisión de las Comunidades Europeas, titulado Un nuevo impulso para la juventud europea, ya se consideraba a los jóvenes ciudadanos responsables que deseaban estar más asociados a la vida de la comunidad y transmitir su voluntad para participar activamente en la sociedad. Pero, pensaban que no se les proporciona ni los medios, ni los recursos adecuados para desempeñar un papel más activo. 

En este punto, retomo la opinión del entonces Presidente de la CJE (Consejo Juventud de España), Mario Esteban, y que dejaba en mi blog el 1 de marzo del 2007: un voto en una urna no facilita la participación, entendida como intervención de la ciudadanía en la toma de decisiones, y no permite la participación en todos los aspectos de la sociedad, sino únicamente en la elección de representantes políticos. 

Para terminar esta primera parte, me quedo con lo que dicen los maestros Stéphane Hessel y Edgar Morin en su libro El camino de la esperanza (2012): Tomemos conciencia del momento dramático que vivimos como especie humana, de su ambivalencia, de los riesgos y peligros, pero también de las oportunidades. En mi opinión / Pienso que la Juventud ha sabido aprovechar ese momento. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario