Todo comenzó en París, cuando Michel caminaba por la Rue de l´arbre junto a la iglesia de Saint-Germain en pleno centro parisino.
mi novela "El tren de mi vida"

Poder influir en el futuro es parte de lo que me mantiene unido a mi Elemento: escribir

domingo, 10 de junio de 2012

Made In Spain: Res catada


“Los mercados no sólo condicionan, una vez rescatados, los acontecimientos económicos y acosan a los gobernantes europeos, sino que han llegado al colmo de forzar la desigualdad de primeros ministros y de gobiernos sin comicios electorales. Su influencia alcanza una gravísima patología social, frente a la que debemos reaccionar rápidamente”. Federico Mayor Zaragoza. Ex director general de la Unesco. Presidente de la Fundación Cultural de la Paz. 
La primera noticia que escucho por la radio nada más despertarme es el rescate de España por la Unión Europea. Y pensé en ese momento, que España no es diferente. El slogan que tantos y tantos años hemos utilizado e identificado falsamente, una vez más se viene abajo. Este País es como el resto de los países de la Unión Europea, como por ejemplo Greciae Irlanda, por citar dos de los países que se encuentran en una situación similar. ¿En qué situación se encuentran estos dos países tras haber sido rescatados. Lo han pensado?

Anoche precisamente estuve leyendo el último capítulo del libro “Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España” de los catedráticos Vicenç Navarro, Juan Torres y el profesor Alberto Garzón. Los tres expertos en política y autores entre otras de números libros. Precisamente el capítulo que estuve leyendo es el de la financiación y el caso de Irlanda. La verdad, me puso los pelos de punta y esta misma mañana tras escuchar la noticia del rescate ya me he quedado sin pelos. Por qué digo eso, muy sencillo y para responder recojo las palabras de los expertos politólogos mencionados arriba: “..las reformas actuales no conseguirán mas que debilitar la actividad económica y, con ello, los ingresos del Estado. La consecuencia final será la necesidad de endeudarse una y otra vez, en un círculo vicioso que no terminará hasta que se decida no pagar la deuda. Los bancos lo saben y por eso exigen a la Unión Europea que rescate a los Estados, porque en realidad esos rescates sólo benefician a los propios bancos que en caso de quiebra o de denuncia de la deuda no cobrarían sus préstamos. Y los rescates no son más que una transferencia de dinero público (proporcionado por la Unión Europea) a manos privadas (a los bancos que tienen deuda pública), a costa además de graves recortes sociales. 

El caso de Irlanda señalan los expertos en política que lo que estaban haciendo “no era otra cosa que aplicar como un alumno aventajado las políticas de ajuste estructural que el Fondo Monetario Internacional había propuesto desde hacía años para favorecer el incremento de las rentas de capital”. Por eso el F.M.I veía con muy buenos ojos lo que se estaba haciendo allí al afirmar que sus políticas económicas ofrecían lecciones “útiles a otros países”. Irlanda aprobó antes que nadie el programa de recortes y austeridad brutal que propusieron los políticos neoconservadores y neoliberales: reducir hasta el 20 por ciento los sueldos de los funcionarios y un 10 por ciento las prestaciones sociales, además de hacer lo mismo en un buen número de programas de gasto público y social. Paralelamente a todos estos recortes (del mismo calado que en España) el gobierno irlandés inyectó a los bancos quebrados “docenas de miles de millones de euros que pusieron por las nubes el déficit y la deuda del Estado”. ¿Les suena esto? Seguro que sí. Todos los medios neoliberales y neoconservadores alabaron tales medidas, así como el F.M.I. El efecto fue que en 2009, como pronosticaron los economistas críticos, el PIB (producto interior bruto) de la economía irlandesa en vez de subir, bajó un 11 por ciento. Luego algo va mal y algo no funciona bien. Hubo una segunda inyección generosa de capital a Irlanda, un segundo rescate: 80.000 millones de euros más. 

¿Quién gana con todo esto?

Es una buena pregunta. Desde luego los que perdemos somos los ciudadanos y sobre todo los que no tienen recursos y la clase media. La clase alta está en otras historias se encuentran en las nubes. Pero fíjense como el gobierno de la nación sí sabe manipular perfectamente (me recuerda los principios de manipulación de Noan Chomsky que tengo colgados en el blog y sugiero los revisen, es muy interesante) hay frases que calan a la opinión pública: la deuda privada es consecuencia de que vivimos por encima de nuestra posibilidades y la pública, el resultado de que los gobernantes son unos manirrotos cuando utilizan el dinero público. No quiero decir con ellos que no sea cierto eso, pero las causas de lo que está ocurriendo no son esas precisamente. 

Para nada se menciona el negocio que hay detrás de todas estas operaciones, como indican Navarro, López y Garzón en su libro. Es que hablar del negocio no interesa: “..nunca se pone de relieve que gracias a la deuda los bancos obtienen un beneficio privilegiado, no solo por su cuantía sino también por el poder inmenso que les da sobre el resto de la sociedad”. ¡Piensen por un momento lo que acabo de escribir! Estos expertos en política y economía ponen un ejemplo que me gusta mucho y es muy clarificador: “..lo mismo que un productor de sillas trata siempre de vender el mayor número de ellas, los bancos procuran que el volumen de deuda sea el más elevado posible en la economía porque en él le va su ganancia, su extraordinaria influencia política y el inmenso poder que obtienen al crearla”. 

Por último, como dice Birgitta Jónsdótir, escritora islandesa que pertenece al partido de los ciudadanos Civic Party, ahora llamado The Movement creado en el 2009 después del colapso de la economía islandesa: “Es necesario estar en la calle para decir lo que se piensa, participar. Pero también es fundamental conocer los hilos desde el interior. Estar dentro significa vigilar de cerca al enemigo”. Hay que dar poder al ciudadano para que el gobierno no haga cosas que la gente no quiere que se hagan.

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