Todo comenzó en París, cuando Michel caminaba por la Rue de l´arbre junto a la iglesia de Saint-Germain en pleno centro parisino.
mi novela "El tren de mi vida"

Poder influir en el futuro es parte de lo que me mantiene unido a mi Elemento: escribir

lunes, 23 de septiembre de 2013

Pablo Neruda

Pablo Neruda, de nacimiento Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (Parral, 12 de julio de 1904Santiago, 23 de septiembre de 1973), fue un poeta chileno, considerado entre los mejores y más influyentes artistas de su siglo. Según según Gabriel García Márquez.1 fue «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma». Neruda fue un destacado activista político, senador, miembro del Comité Central del Partido Comunista, precandidato a la presidencia de su país y embajador en Francia. Entre sus múltiples reconocimientos destacan el Premio Nobel de Literatura en 1971 y un Doctorado Honoris Causa por laUniversidad de Oxford. «Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él». 

Mi pequeño homenaje a tan gran y distinguido poeta:

La canción desesperada


Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
 
El río anuda al mar su lamento obstinado.
 

Abandonado como los muelles en el alba.
 
Es la hora de partir, oh abandonado!
 

Sobre mi corazón llueven frías corolas.
 
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
 

En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
 
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
 

Todo te lo tragaste, como la lejanía.
 
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
 

Era la alegre hora del asalto y el beso.
 
La hora del estupor que ardía como un faro.
 

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
 
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
 

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
 
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
 

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
 
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
 

Hice retroceder la muralla de sombra,
 
anduve más allá del deseo y del acto.
 

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
 
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.
 

Como un vaso albergaste la infinita ternura,
 
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
 

Era la negra, negra soledad de las islas,
 
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
 

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
 
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
 

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
 
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
 

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
 
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
 

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
 
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
 

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
 
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
 

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
 
en que nos anudamos y nos desesperamos.
 

Y la ternura, leve como el agua y la harina.
 
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
 

Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
 
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
 

Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
 
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
 

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
 
De pie como un marino en la proa de un barco.
 

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
 
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
 

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
 
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
 

Es la hora de partir, la dura y fría hora
 
que la noche sujeta a todo horario.
 

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
 
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
 

Abandonado como los muelles en el alba.
 
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
 

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
 

Es la hora de partir. Oh abandonado!
Pablo Neruda.


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