Todo comenzó en París, cuando Michel caminaba por la Rue de l´arbre junto a la iglesia de Saint-Germain en pleno centro parisino.
mi novela "El tren de mi vida"

Poder influir en el futuro es parte de lo que me mantiene unido a mi Elemento: escribir

domingo, 27 de febrero de 2011

La relación entre la vanidad y la estupidez o viceversa

Justin Kruger y David Dunning, dos científicos de la Universidad de Cornell (Nueva York EEUU), realizaron una serie de experimentos consistentes en medir las habilidades intelectuales de una serie de estudiantes y les pidieron que se autoevaluaran. Al finalizar el test, los resultados fueron sorprendentes y reveladores, como ellos mismos declaran. Los profesores señalan que los estudiantes más brillantes, muy superiores al resto de sus compañeros, estimaron que estaban por debajo de la media; los estudiantes mediocres se consideraron por encima; mientras que los estudiantes rematadamente malos se mostraron convencidos de estar entre los mejores. Es más -comentan los científicos- que cuanto más inútil era el individuo más seguro estaba de que hacía las cosas bien.

Con estos datos, Kruger y Dunning observaron un fenómeno que bautizarían como “El efecto Dunning-Kruger”, fenómeno psicológico por medio del cual “las personas con escaso conocimiento tienden sistemáticamente a pensar que saben mucho más de lo que saben y a considerarse mas inteligentes que otras personas mas preparadas”.
Este fenómeno, publicado en The Jornal of Personality and Social Psychology en diciembre de 1999, se basó en dos principios fundamentalmente: Los individuos incompetentes tienden a sobreestimar sus propias habilidades; estos individuos son incapaces de reconocer las verdaderas habilidades en los demás.
La doctora Kruger señalaba en sus apuntes que las personas incompetentes desgraciadamente sufrían de un doble agravio: “no sólo llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia les impide darse cuenta de ello”.
Todo ello pues, nos acerca cada vez más a lo que decía Charles Darwin: “la ignorancia engendra más confianza que el conocimiento” ¡Esto da que pensar y mucho! ¿No creen? Una frase que me parece genial, más que genial, sublime, y que he sacado de alguien que utilizando el seudónimo de Cenicienta dice en su blog: "‎Definitivamente gran parte de nuestras dificultades es que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes llenos de dudas”.
La borrachera de sí mismo
Continuando con el tema, que me parece sumamente interesante y utilizando como fuente al Dr. E. Rojas, Catedrático en Psiquiatría Clínica, en su libro "Adiós depresión", la palabra vanidad procede del latín vanitas vanitatis, que significa falto de sustancia, hueco, sin solidez. Se dice, también, de algunos frutos cuyo interior está vacío, en donde sólo hay apariencia. “La vanidad es excéntrica, es periférica, se instala en los aledaños de la ciudadela exterior”, apunta Rojas.
La vanidad, como indica el Dr. E. Rojas, se presenta como la “borrachera de sí mismo”, ya que tiene su origen en una zona profunda e íntima donde se elabora esa superioridad. Para ello, señala una serie de manifestaciones, de entre las cuales destaco las siguientes: “susceptibilidad casi enfermiza para cualquier crítica con un cierto fundamento; gran dificultad para pasar desapercibido; tendencia a hablar siempre de sí mismo, si éste no es el tema central de conversación, enseguida decae su interés en la participación y el diálogo con los demás; desprecio olímpico hacia cualquier persona que aflore en su cercanía y de la que se pueda oír alguna alabanza”.
Los casos clínicos más graves de la soberbia- señala Rojas- son aquéllos en los que la vanidad es manifiesta y notarial, se registra con una claridad absoluta, lo cual suele ser poco frecuente y pocas veces curable. Hay petulancia y presunción. El 86% de estos casos están relacionados con el efecto de Dunning-Kruger.
Para terminar, me quedo con la reflexión y la pregunta que me hago y dejo en este medio virtual por si alguna mente pensante quiere aportar algo de luz:

¿Hay límite en ese efecto Dunning-Kruger?

¿Hay límite en la estupidez de algunos humanos?

¿Hasta dónde puede llegar esa seguridad de los ignorantes?

¿Puede llegar esa seguridad de los ignorantes a provocar tantos y tantos crímenes de la humanidad?

Me quedo con uno de los pensamientos de ese genio que fue Einsten: "Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana, aunque de lo primero no estoy tan seguro".

2 comentarios:

  1. Al hilo de tu interesante artículo, he recordado una frase de Amos Bronson Alcott (padre de la escritora Louise May Alcott): La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia. Tu amigo Baltasar también ha escrito frases sobre este tema: El primer paso de la ignorancia es presumir de saber. Dos buenas frases que invitan a la reflexión y a la acción. Un beso

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  2. Estoy de acuerdo contigo Mercedes. Uno de los mayores enemigos de la Humanidad es la ignorancia.

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