miércoles, 19 de mayo de 2021

Nuestro Parque Central


Salir de casa hace años era una aventura, ahora la realidad es googleable, como dice el filósofo José Carlos Ruiz y “tienes la sensación de que el mundo es cercano, familiar y cognoscible”. Se ha perdido el factor asombro de manera que lo externo a nosotros se destensiona. Los viajes los preparamos antes de salir, sabemos dónde vamos a ir, qué vamos hacer, cuál va a ser nuestro recorrido y hasta casi qué vamos a comer y otras cosas más. Como dice Brandrillard se pierde a veces hasta la ilusión, “el asombro por un exceso de realidad”.

El ciberviaje, afirma Ruiz, es “el preparativo que nos apacigua la ansiedad previa de la marcha”. Ahora, con el Covid a la vuelta de la esquina, enemigo público número uno, más que nunca se cumple ese axioma. Por sino han hecho la prueba pueden hacerla y verán cómo tan solo con los preparativos de ese viaje googleable efectivamente calmará nuestra ansiedad de salir de la rutina. Ahora bien, ya lo tenemos todo preparado, dónde se queda el factor sorpresa, qué nos puede sorprender si lo llevamos todo atado y bien atado, sobre todo, como he dicho antes con la pandemia, a nuestro lado. ¿Han pensado en ello?

Para viajar y salir de nuestra rutina diaria, no hace falta tantos preparativos, ni para cambiar de aires o mejorar nuestro rostro con el atisbo de una sonrisa escondida entre nuestra mascarilla. Podemos salir y sonreír sin preparar nada, dejando atrás nuestra pesada a veces hiperactividad. En busca de que algo o alguien nos pueda sorprender gratamente. Me refiero a viajar a través de nuestro Parque Central, recientemente construido.

Esta mañana, mientras toma unas notas para una novela, me sorprendió un gato en lo alto de un árbol. No solo a mí, sino a cuantos pasaban por allí. No tardaron en fotografiar al felino porque recostado entre las ramas de aquel árbol nos observaba a todas aquellas personas que paseábamos. Aparecieron dos gatos más y anda que le costó bajar, raudo y veloz se fue tras ellos.

Una mañana o una tarde paseando por el Parque Central es una aventura, se los aseguro, eso sí, como dice el doctor Mario Alonso, practiquen el Mindfulness, la atención plena. Un buen y sano ejercicio que se puede ejercer viendo las flores, las plantas que se encuentran dentro del estanque con agua, cómo transcurre esa agua y se precipita en pequeñas cascadas acompañándonos mientras paseamos.

Les recuerdo que estamos en primavera y es toda una aventura observar la gran cantidad y variedad de flores, escuchar el sonido de los pájaros, oler el perfume que nos envuelve las rosas rojas, blancas y amarillas. También se puede prestar atención a quienes caminan, personas solas, en compañía, con sus perros, corriendo, haciendo ejercicio, practicando yoga, meditando, taichi, leyendo y escribiendo como hacemos algunos… o simplemente pensando en las musarañas. Los más pequeños corriendo jugando con el agua, observando las flores, algunas enormes que nos saludan desde lo alto de algunos de los árboles. 

El viaje al Parque Central, aunque lo hagas solo, no te encuentras solo, socializas con la mira y el ambiente que creamos entre todos y todas. La cuestión es que durante un rato podamos viajar dejando a tras ese universo de la hiperconexión, y dejar a un lado ese estado, como dice Bauman, en el que “convivimos con naturalidad con esa nueva dimensión híbrida que ha provocado que sustituyamos las relaciones por las conexiones”; de manera que, aunque sea un rato y a través de las mascarillas con la observación y las miradas socialicemos un poco más. 

 













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